Cuando alguien empieza a buscar dinero para su empresa, las tres palabras le llegan mezcladas: business angel, capital riesgo, socio inversor. En los foros se usan como sinónimos y en los listados de «tipos de financiación» aparecen como escalones de una misma escalera, ordenados por el tamaño del cheque. Primero el angel, luego el fondo, y así.
Esa forma de verlo es cómoda y lleva a equivocarse de puerta. Lo que separa a uno de otro no es cuánto ponen, sino tres cosas más incómodas de preguntar: de quién es el dinero, quién decide y cuándo tiene que volver. Las tres determinan cómo va a ser la relación durante años, y ninguna aparece en la primera reunión si no la sacas tú.
Un business angel es una persona que invierte su propio patrimonio en empresas que no cotizan. No hay una figura legal que lo defina ni un registro donde inscribirse: es una manera de invertir, no una licencia. Puede hacerlo solo o agrupado con otros en una red, pero el dinero que pone sale de su bolsillo y nadie le pide cuentas por él.
El capital riesgo es lo contrario. Una entidad de capital riesgo gestiona dinero de terceros —sus partícipes— y lo hace bajo una ley específica, la Ley 22/2014, con supervisión de la CNMV. Quien se sienta contigo en la mesa no es el dueño del dinero: es un gestor que tiene que devolverlo, con rentabilidad, a quienes se lo confiaron.
Entre los dos hay una tercera figura que los listados suelen olvidar: la sociedad o el particular que invierte patrimonio propio de forma estable, sin fondo detrás y sin plazo de devolución pactado con nadie. Es lo que llamamos socio privado, y es lo que somos nosotros.
| Figura | De quién es el dinero | A quién rinde cuentas |
|---|---|---|
| Business angel | Suyo | A nadie |
| Capital riesgo | De sus partícipes | A los partícipes y a la CNMV |
| Socio privado | Suyo, o de su sociedad | A sus propios socios |
Parece un matiz de despacho, pero de esa columna sale todo lo demás. Quien invierte su dinero puede equivocarse, esperar o cambiar de opinión. Quien gestiona el de otros tiene un mandato, y el mandato manda más que la simpatía que le tenga a tu proyecto.
La ley no deja lugar a dudas sobre a qué se dedica un fondo de capital riesgo. Su objeto principal, dice el artículo 9 de la Ley 22/2014, es «la toma de participaciones temporales en el capital de empresas» no financieras ni inmobiliarias que no cotizan en el momento de entrar. Temporales. El fondo entra para salir, y esa salida no es una opción que se valore más adelante: es el modelo de negocio.
Además, la entidad tiene que mantener como mínimo el 60 % de su activo computable en los tipos de inversión que la ley le marca. No puede dedicarse a otra cosa por mucho que le guste tu empresa.
Lo que eso significa en la práctica, desde dentro de una operación:
El angel tiene más libertad que el fondo porque no rinde cuentas a nadie. Pero eso no significa que no tenga horizonte. Lo tiene, y en España se lo marca en buena parte Hacienda.
La Ley del IRPF permite a quien invierte en una empresa de nueva o reciente creación deducir el 50 % de lo aportado, con una base máxima de 100.000 € al año, siempre que mantenga las participaciones más de tres años y menos de doce, y que su participación, sumada a la de su familia cercana, no pase del 40 % del capital. Lo contamos con detalle, y con la deducción autonómica murciana, en la deducción por inversión en empresas de nueva creación.
Esa deducción condiciona cómo entra un angel, aunque no lo diga:
El otro rasgo del angel es que suele venir acompañado. Un ticket individual pequeño hace que, para cubrir una ronda, haga falta juntar a varios. Eso tiene una consecuencia que se nota años después: una tabla de socios con ocho o diez nombres, cada uno con su porcentaje, sus expectativas y su firma necesaria en cada junta. Por eso las redes de angels suelen agruparse en un vehículo único, y conviene pedirlo.
Y una advertencia que viene de haber estado al otro lado de la mesa: el valor de un angel depende casi entero de quién es esa persona. Hay angels que han montado y vendido empresas de tu sector y abren puertas que ningún dinero abre. Y hay quien invierte en lo que le recomienda un amigo y desaparece hasta la primera mala noticia. El título no te dice cuál de los dos tienes delante.
La tercera figura es la que menos ruido hace en internet, porque no tiene asociaciones, ni ranking de operaciones, ni nota de prensa cuando entra en una empresa. Es un socio que invierte patrimonio propio, normalmente a través de una sociedad, en negocios que conoce, y que no tiene un calendario impuesto para salir.
Eso cambia el tipo de empresa que le encaja. Un socio privado puede entrar en un negocio que no aspira a venderse a una multinacional: una clínica, una empresa de servicios, un restaurante con números que se sostienen. Su rentabilidad puede venir de los dividendos durante años, no solo de una venta. Y como no tiene que rendir cuentas a partícipes, puede adaptar el plazo al negocio en lugar de adaptar el negocio al plazo.
Conviene separarlo también de otras dos figuras con las que a veces se confunde. No es una plataforma de financiación participativa: allí entran muchos pequeños inversores a través de un intermediario regulado; aquí entra un único socio con nombre y apellidos, y con él te sientas a negociar. Y no es un banco: no hay préstamo, ni intereses, ni cuotas. Se entra en el capital y se gana o se pierde con la empresa.
La diferencia de fondo se traduce en cosas muy concretas una vez firmado. Esta tabla es criterio propio, sacado de cómo suele funcionar cada figura, y en cada operación hay excepciones:
| Qué se compara | Business angel | Capital riesgo | Socio privado |
|---|---|---|---|
| Fase en que entra | Arranque | Crecimiento rápido | Negocio con historia |
| Horizonte | Medio, con suelo fiscal | Fijado por el fondo | Abierto |
| Implicación | Muy variable | Consejo y reporting | Pactada en cada caso |
| Lo que más vigila | La salida y su deducción | La salida y el múltiplo | La caja y el dividendo |
La fila de la implicación merece un comentario. Con un fondo vas a tener reuniones de consejo, informes mensuales y un pacto de socios largo, con derechos de información, veto y cláusulas de arrastre pensadas para poder vender. No es desconfianza: el gestor tiene que poder explicar a sus partícipes qué pasa con su dinero. Con un angel o con un socio privado, la implicación es la que se pacte, y por eso hay que pactarla por escrito antes de entrar, no después.
Antes de elegir, contesta tres preguntas con honestidad. Te ahorrarán reuniones que no iban a llegar a nada.
¿Quieres vender la empresa algún día? Si la respuesta es sí, en un plazo concreto y a un comprador grande, el capital riesgo tiene sentido. Si la respuesta es no, o no lo sabes, no le hagas perder el tiempo a un fondo ni te lo hagas perder a ti.
¿Cuánto tiempo lleva funcionando? Una sociedad recién constituida encaja con el perfil de un angel, entre otras cosas por la deducción. Un negocio con varios ejercicios cerrados y beneficio estable suele quedar fuera de los dos primeros y dentro del tercero.
¿Qué necesitas además del dinero? Si necesitas contactos para internacionalizarte y una estructura de gobierno profesional, el fondo los trae. Si necesitas a alguien que ya haya operado un negocio parecido y entienda una cuenta de resultados de una pyme, busca a esa persona, se llame como se llame su figura.
Hay casos en los que la respuesta correcta no es elegir entre un angel, un fondo o un socio privado, sino no abrir el capital todavía. Si el negocio necesita poco dinero y genera caja, un préstamo puede salirte más barato que ceder un porcentaje para siempre. Si todavía no has puesto dinero propio, ningún inversor serio va a ponerlo antes que tú; lo explicamos en cuánto dinero propio tienes que haber puesto. Y si lo que te falta no es dinero sino alguien que trabaje, lo que buscas es un socio trabajador, no un inversor.
Decir que no a un tipo de socio no es perder una oportunidad. Es no firmar algo que tendrías que deshacer en tres años.
No somos un fondo ni una red de angels. Invertimos patrimonio propio, en posiciones minoritarias, en negocios con números que se sostienen, y no tenemos un plazo de salida impuesto por terceros. Hemos estado dentro de la operación de los negocios en los que hemos invertido y hemos vendido empresas, así que sabemos lo que pesa cada cláusula cuando llega el momento de usarla. No cobramos nada por analizar un proyecto, y si lo que te encaja es un angel o un fondo, te lo diremos en la primera conversación.
Siguiente paso
Miramos tu proyecto con las cuentas delante, sin coste y sin compromiso. Si lo que necesitas es otro tipo de inversor, te lo decimos en la primera conversación.